Jesús y las piedras
Jesús dijo:
-¡Hermanos! Hoy vamos a meditar, así que toman cada uno una piedra y vengan a caminar conmigo.
Había hombres de todas las regiones del mundo. Todos obedecieron.
Cada uno agarró una piedra grandísima y muy pesada. Juan Manuel, el vago, como nadie lo veía, agarró una piedra chiquitísima.
Con las enormes piedras al hombro (menos Juan Manuel) caminaron más de 100 kilómetros hasta que alguien preguntó:
-¡Jesús! ¿Podríamos descansar? ¿Tal vez, comer?
-Bueno hermanos, siéntense y pongan las piedras a su lado.
Entonces, las piedras se convirtieron en panes gigantescos y todos comieron hasta hartarse, menos Juanma, que se quedó con una miguita diminuta.
Pasaron los días y Jesús volvió a pedir:
-¡Hermanos! Hoy vamos a meditar, así que tomen una piedra y vengan a caminar conmigo.
Juan Manuel, el vago, agarró la más grande, la más pesada. Era casi una montaña. Después de casi 150 kilómetros, fue Juan Manuel quien dijo:
-¡Jesús! ¿Podemos descansar? ¿Tal vez comer?
-Bueno hermanos, sientense sobre sus piedras.
-¡Jesús! ¿Hoy no vas a convertir las piedras en pan?
-No, hoy traje galletitas.
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