Accidente
José lloraba junto a la carretera. Habían destrozado su coche. Lo vió un amigo que pasaba y se detuvo a preguntarle:
-José, ¿Qué te pasa?
-Estaba aparcado junto a la carretera cuando otro coche me dió un terrible topetazo desde atrás. Mira en la zanja.
-¡Como quedó! Pero bueno, no pasa nada, te comprás otro y ya está.
-No, mira dentro del coche…
-¡Pobre mujer, está muerta! Bueno, pero tampoco se acabó el mundo, te buscás otra rubia y ya está ¡no pasó nada!
-¿Ah, si? Mira dentro de su boca…
Camionero
Ésta es la historia de José, un modesto conductor de camiones que transportaba 75 toneladas de combustible muy inflamable por las montañas.
De pronto descubrió que no le funcionaban los frenos.
El camión salió de la carretera por una curva que conducía a un precipicio profundísimo.
José intentó quitarse el cinturón de seguridad pero la puerta estaba atascada.
Con el extintor golpeó el parabrisas que estalló en mil pedazos. Uno de esos trozos le perforó un párpado y otro se le incrustó en el cuello.
José consiguió saltar y asir una ramita.
El camión estalló con tanta violencia que a su alrededor cayó una lluvia de fragmentos ardiendo.
Aguantó los golpes de las piedras en la cabeza, pero la ramita que lo sostenía era muy pequeña y se rompió. Bajó rodando por el barranco, golpeándose con todas las piedras, hasta que se agarró a un cardo.
Entonces oyó unos gritos.
-¡Tranqulo! ¡Lo vamos a sacar!
Oyó la sirena de los bomberos.
El primero que intentó rescatarlo cayó al vacío y se quebró el espinazo. Otros dos voluntarios murieron.
El grupo de rescate decidió que había que trazar una estrategia para sacarlo de allí, porque era un lugar muy peligroso.
El camionero aguantó varias horas bajo el sol ardiente, que le produjo quemaduras de segundo grado.
Llegó un helicóptero. Al maniobrar chocó contra la montaña y el aparato se desplomó. Murieron otras cuatro personas.
Tras 18 horas de arduo trabajo, ¡José fue rescatado!
-¡Gracias a Dios se ha salvado!
-Vamos a puntualizar: yo me salvé gracias a ese cardo. Porque las intenciones de Dios ¡estaban clarisimas!








