Sexo en el Arca de Noé
Resulta que, tras el diluvio universal, el arca de Noé se movía para todos lados, y el patriarca Noé no encontraba explicación a ello.
Un día decide ir a visitar la cubierta de los animales, y he ahí el problema: todos los animales hacían el amor.
Noé enfadado les gritó:
- Paren, ¡esto no puede ser! Les salvé la vida, ¿es así como me pagan? Van a hundir el arca.
Todos los animales le obedecieron, pero a Noé le dio lástima y les dijo:
- Le daré una ficha a cada pareja; en ella estará el día y la hora en que pueden hacer el amor.
Y así lo hizo. Pasaron los días y andaba el mono molestando a la mona y le decía:
- ¡El miércoles a las 4 de la tarde vas a sufrir!
Y durante tres días le dijo lo mismo. La mona, muy enfadada, fue a hablar con Noé.
- Mira Noé, El mono hace tres días que me anda molestando. Me dice que el miércoles a las 4 de la tarde voy a sufrir. Yo sé lo que va pasar ese día. ¡Pero no puede andar gritándolo por todas partes! ¿Qué van a decir mis amigas?
Noé, enfadado, fue a buscar al mono y le dijo:
- ¡Oye, mono…! ¿Por qué molestas a la mona de esa manera?, ¿Qué es eso de que va a sufrir?
- ¡Pasa que perdí mi ficha jugando al póquer con el burro!
El cowboy y el burrito
Llega un cowboy montado en su burrito a un poblado del oeste yanqui. Típico poblado con las matas de pasto arrastradas por el viento, puertas chirriantes, muy poca gente en la calle.
El cowboy se dirige hacia la herrería y le pregunta si conoce un lugar dónde hospedarse y dónde dejar el burro ya que se aproxima una feroz tormenta.
El herrero le indica dónde se encuentra el típico hotel del oeste, pero dudo que tengan lugar para el burro, le dice.
El cowboy le pide un lugar en la herrería, pero el único ugar disponible es un corral donde hay un toro furioso, piafando y con espuma en la boca.
Optan por dejar ahí al burro cubierto con una sábana lo que haría que el toro no lo moleste.
Al día siguiente, pasada la tormenta, el cowboy se levanta y, dispuesto a seguir viaje sale en busca de su burro.
Al llegar a la herrería ve un destrozo monumental, el corral roto y el toro con mas espuma que el día anterior; de burro ni noticias.
Desesperado sale a la calle donde encuentra a un mejicano recostado en la pared, sombrerón sobre los ojos y pelando un palo, le pregunta si vió pasar un bulto grande con una sábana encima.
El mejicano, con parsimonia, le dice que no, solo he visto pasar un burrito con un pañuelo en el culo.








