Papá!!
Estaba San Pedro en la puerta del cielo y tiene que ir al baño… entonces le pide a Jesús que lo reemplace unos minutos.
De mala gana Jesús se sienta en el escritorio a recibir a los que intentaban entrar. En eso aparece un viejito y Jesús le pregunta:
-Y abuelo, a que se dedicaba en la tierra?
-Ah… – dice el abuelo – yo era carpintero, tenía una larga barba, muchas canas, era pobre y supe tener un hijo fruto de un milagro y que fue muy muy famoso y muy querido por todos los hombres.
Jesús emocionado lo mira sollozando y le dice:
-¡¡¡PAPÁ!!!
Y el abuelito lo mira sorprendido y emocionado y le contesta:
-….PINOCHO???!!!
La ninfómana y el cura
Una ninfómana en plena crisis deambula por la calle. De golpe le entran unas ganas terribles, tiene que follar sin falta. Llama a todas las puertas pero no encuentra a nadie. Entonces ve una iglesia y entra. No hay nadie excepto el cura que le dice:
-¿Qué desea hija mía?
-Te deseo a ti, tómame.
-¿Perdone? -dice el padre.
-¡¡¡Tómame, fóllame, no puedo más!!!
-¡Pero hija, estás en la casa de Dios!
-¡No me importa, quiero que me folles ya!
-¡Pero no puedo! ¡¡Soy un cura!!
La chica se desnuda y se estira sobre el altar. Tiene un cuerpo imponente, y el cura no sabe qué hacer, no puede más, le entran los calores, se gira hacia la cruz y le pregunta a Jesucristo:
-Señor, ¿qué hago?
Y Jesús le responde:
-¡¡¡¡¡Desclávame cabrón, desclávame!!!!!
Jesús y las piedras
Jesús dijo:
-¡Hermanos! Hoy vamos a meditar, así que toman cada uno una piedra y vengan a caminar conmigo.
Había hombres de todas las regiones del mundo. Todos obedecieron.
Cada uno agarró una piedra grandísima y muy pesada. Juan Manuel, el vago, como nadie lo veía, agarró una piedra chiquitísima.
Con las enormes piedras al hombro (menos Juan Manuel) caminaron más de 100 kilómetros hasta que alguien preguntó:
-¡Jesús! ¿Podríamos descansar? ¿Tal vez, comer?
-Bueno hermanos, siéntense y pongan las piedras a su lado.
Entonces, las piedras se convirtieron en panes gigantescos y todos comieron hasta hartarse, menos Juanma, que se quedó con una miguita diminuta.
Pasaron los días y Jesús volvió a pedir:
-¡Hermanos! Hoy vamos a meditar, así que tomen una piedra y vengan a caminar conmigo.
Juan Manuel, el vago, agarró la más grande, la más pesada. Era casi una montaña. Después de casi 150 kilómetros, fue Juan Manuel quien dijo:
-¡Jesús! ¿Podemos descansar? ¿Tal vez comer?
-Bueno hermanos, sientense sobre sus piedras.
-¡Jesús! ¿Hoy no vas a convertir las piedras en pan?
-No, hoy traje galletitas.








