Médico

4 October, 2009 · Archivado en Chistes de Medicos, Chistes de Sexo · Comenta 

Una mujer que está muuuuy buena, va al consultorio médico:
-Doctor, quisiera que haga algo por mi marido… Algo que lo ponga como un toro!
-Muy bien. Podemos comenzar ya mismo por los cuernos

Los peores Chistes Malos

La vaca de Minsk

Gabriel me mandó este chiste. Vos también podés mandar tu chiste con el formulario de contacto.

La única vaca de una pequeña población judía rusa dejó de dar leche.
Los pobladores hicieron una investigación y encontraron que podían reemplazarla comprando una vaca en la gran Moscú por 2.000 rublos o una en la ciudad de Minsk por 1.000 rublos.
Siendo frugales, compraron la vaca de Minsk. La vaca era maravillosa. Producía muchísima leche todo el tiempo y la gente estaba sorprendida y feliz.
Entonces decidieron adquirir un toro para que con la vaca pudieran reproducir más vacas como esa. Pensaron que nunca más tendrían que preocuparse en conseguir leche.
Compraron un toro y lo pusieron en el mismo campo con la vaca. Sin embargo, cada vez que el toro se acercaba a la vaca, ésta se alejaba. No importaba de qué modo el toro trataba de aproximarse, la vaca se retiraba lejos del toro y el animal no tuvo éxito en lo que intentaba.
La gente estaba muy preocupada y decidieron consultar al rabino – un hombre muy sabio – qué es lo que tenían que hacer.
Le contaron al rabino lo que estaba pasando:
- Cada vez que el toro se aproxima, la vaca se aleja. Si se aproxima por atrás, ella se mueve hacia delante. Si se acerca por el frente, ella retrocede. Si el acercamiento es por el costado, la vaca se va hacia el otro lado.
El rabino pensó por un minuto y preguntó:
- ¿Uds. compraron esta vaca en Minsk?
La gente quedó estupefacta, ya que ellos nunca habían mencionado el origen de la vaca.
- Ud es realmente un hombre sabio, rabino. – le dijeron – ¿Cómo sabía que conseguimos la vaca en Minsk?
El rabino contestó tristemente:
- Mi señora es de Minsk…

El cowboy y el burrito

14 March, 2009 · Archivado en Chistes de Animales · Comenta 

Llega un cowboy montado en su burrito a un poblado del oeste yanqui. Típico poblado con las matas de pasto arrastradas por el viento, puertas chirriantes, muy poca gente en la calle.

El cowboy se dirige hacia la herrería y le pregunta si conoce un lugar dónde hospedarse y dónde dejar el burro ya que se aproxima una feroz tormenta.

El herrero le indica dónde se encuentra el típico hotel del oeste, pero dudo que tengan lugar para el burro, le dice.

El cowboy le pide un lugar en la herrería, pero el único ugar disponible es un corral donde hay un toro furioso, piafando y con espuma en la boca.

Optan por dejar ahí al burro cubierto con una sábana lo que haría que el toro no lo moleste.

Al día siguiente, pasada la tormenta, el cowboy se levanta y, dispuesto a seguir viaje sale en busca de su burro.

Al llegar a la herrería ve un destrozo monumental, el corral roto y el toro con mas espuma que el día anterior; de burro ni noticias.

Desesperado sale a la calle donde encuentra a un mejicano recostado en la pared, sombrerón sobre los ojos y pelando un palo, le pregunta si vió pasar un bulto grande con una sábana encima.

El mejicano, con parsimonia, le dice que no, solo he visto pasar un burrito con un pañuelo en el culo.