Almendras
Harry me manda este chiste a través del formulario de contacto, recuerden que pueden mandar los suyos, y llevarse un enlace de regalo.
En un autobús repleto de ancianos, que llevaba a dar una vuelta por la ciudad a gente de la tercera edad, una viejita se baja de su asiento le toca el hombro al chófer, y le ofrece un buen puñado de almendras sin cáscara.
El chófer sorprendido, le da las gracias y se las come con agrado.
Cinco minutos después, la abuelita repite el gesto, el chófer vuelve a agradecerle y se come sus almendras.
Pasan otros minutos y aparece de nuevo la viejecita con otro puñado.
Al cabo de unos diez puñados, el chófer ya no puede más y le pregunta:
-Dígame abuela, es muy gentil de su parte atiborrarme de almendras peladas, pero usted no cree que a lo mejor sus cuarenta amigos y amigas querrían también algunas?
-No se preocupe joven, como no tenemos dientes, sólo les chupamos el chocolatito.
Viejitos jugando al golf
-Hola, cariño, ¿cómo te fue en el golf? – preguntó Estela a su esposo Pedro.
-Bien, estaba dando buenos golpes, pero mi vista está tan mal que no veía a donde iba la bola.
-¡Claro, si tienes 75 años, qué esperabas! ¿Por qué no llevas a mi hermano Santiago contigo?
-¡Pero si él tiene 85 y ya no juega golf!
-Pero su vista sigue perfecta. Él puede ver a donde va la bola y decirte.
Al día siguiente, Pedro estaba jugando y Santiago miraba a su lado. Pedro golpeó con fuerza y la bola salió disparada un buen tramo.
-¿La viste?
-Sí.
-Bueno, ¿y dónde cayó? – preguntó Pedro, esforzando la vista sin alcanzar a ver nada.
-Emmm, ya no me acuerdo…








